Free Hands.

Hoy voy a escribir sin pensar en lo que escribo, sin buscar entre sinónimos, ni conjugar verbos complicados, no correré al diccionario para aprender una palabra nueva por día. Ninguna palabra aplastará mi voluntad, una frase no dará mil vueltas en mi cabeza antes que logre olvidarla. No esconderé sentimientos grandes detrás de letras pequeñas, los antónimos sólo por ser contrarios no entablaran una batalla entre ellos, los signos de puntuación no marcarán separación, ni pausas, no harán nada solo presenciar. Mis manos quedaron libres de mi consciencia y mi dominio por unos minutos.

JL dijo
Desde la ventana se puede gozar la belleza del parque que Alfredo, el jardinero, trabaja con esmero. Es como un pequeño paraíso, pero es grande el trabajo constante de Alfredo, porque si lo descuida deja de ser un paraíso.
Dios es generoso en la abundancia de semillas, formas y colores, pero esta abundancia es una selva sin el trabajo del hombre contra los yuyos y la maleza, sin el trabajo para que las flores crezcan como deben crecer.
Este jardín de Alfredo es en pequeño lo que pasa en el mundo. Dios nos da las semillas, pero las semillas crecen indiscriminadamente, y muchas veces la maleza ahoga los frutos y las flores. Tenemos que poner mucho trabajo una y otra vez, todos los días de la vida, para tener un jardín en medio de la selva impenetrable y peligrosa.
Si los afectos son semillas del corazón, pasa lo mismo que con la tierra: tenemos que seleccionar las flores y los frutos que queremos, y cultivarlos con trabajo y cuidado, para que sean un jardín en nuestra vida y no una selva de afectos descontrolados y primitivos, que hacen de la vida un verdadero infierno en vez de un cielo sobre la tierra, como el jardín de Alfredo. Para tener en la vida un jardín como el de Alfredo, tenemos que ponerle un poco de inteligencia y trabajo al corazón
Un becho
Jorge
16 Junio 2006 | 02:15 AM