Sentada en el último rincón de la Tierra, presenciando los abismos y permitiendo que ellos también vean un poco de mi interior, espero sentada a que el eco de mi voz se apague, a que aquella ola que inició fuerte agonice entre la arena y las rocas. No espero que mueras con mi última lágrima, por el contrario quiero que renazcas a mi lado y que al levantar nuestras manos rocemos las nubes y que la envidia de las estrellas no nos toque. Dejar que todo gire sin nosotros formar parte del todo, que el segundo que era débil se torne eterno por un beso, libera las letras aferradas a mi libreta para que ese poema perdido entre páginas te lleve a un sueño profundo entre mis brazos y mis labios.